Llevaba meses quejándome de lo monótono y aburrido que me resultaba mi antiguo trabajo, de lo rutinario de mis días.
Yo, la oficina de vidrio, los galpones gigantes de Zona Franca, la pc, y las mismas planillas una y otra vez. Pagar sueldos, pagar proveedores, hacer trámites en BPS y MTSS, formaban parte de la rutina diaria.
Como soy un bicho de costumbre ya tenía todo mi ritual armado, llegaba, prendía las luces en la hilera del centro, ponía agua a calentar para hacerme algo con mucha cafeína, mate, o café en caso de que no quedara yerba.
Prender la computadora, esperar que cargue, mientras tanto ir viendo como estaba la cosa, si había muchos camiones esperando para entrar a la Zona, o si estaba más bien tranqui.
Como yo era la primera en llegar, tenía un rato para despertarme antes de que llegara el resto.
Abría el correo y veía los 60 o 50 correos que me había enviado en la madrugada mi ex jefe, que como ya dije en otras oportunidades era un jefe virtual, pero además de ser virtual tenía una especie de pánico al habla, entonces todo lo que te tenía que decir te lo enviaba por escrito.
Y así, se iban los días, uno más igual al anterior y más idéntico todavía al que iba a venir después.
Así fue durante dos años y medios, mi objetivo era quedarme allí hasta terminar la carrera ósea hasta diciembre de este año.
Pero como siempre que planifico algo me sale al revés, no resultó así, y ya no estoy allí.
Las razones por las cuales decidí dejar la pecera fueron varias, una y creo la más importante, fue que tuve la feliz idea de llamar a mi jefe para hacerle una pregunta y resulto que justo ese día venía de divorciarse, y esto sumado a su odio al hablar por teléfono con gente terminó en que me gritara como un perfecto idiota, acto seguido le dije que a mi no me gritara, y así empezó una hermosa discusión que duró un par de horas y en la que concluí algo que ya tenía claro pero que necesitaba reafirmar para poder tomar una decisión, mi jefe era un Idiota sin remedio y que yo no tenía ni el carácter, ni las ganas de que me maltratara gratis.
La segunda razón fue a consecuencia directa de los datos que pude ir sacando durante la discusión, la empresa era una Sociedad Anónima, del matrimonio que se acababa de terminar, y ahí empecé a atar algunos cabos sueltos, había una pelea entre los socios para ver quien se quedaba con qué, eso llevo a que se atrasaran todos los pagos incluidos los de BPS.
Por esas cosas de la vida, me llamaron dos días después de la discusión, para ofrecerme otro laburo, en el que estoy ahora, de Telefónica MoviStar, hago venta directa de contratos corporativos y PYMES.
El trabajo no esta mal, el sueldo tampoco, pero bueno como todo lo nuevo asusta un poco.
Cabalmente hubiese preferido no tomar el riesgo de un cambio tan grande a tres meses de terminar mi carrera, pero la situación no me dejó mucha opción.
Y es aquí donde surgen los miedos, todos ellos juntos, cómo, dónde, cuándo, de qué manera, por qué a mí y por qué ahora.
Mi hermano resumiría este texto diciendo “A vos no hay zapatero que te clave” y yo lo cerraría diciendo “vamos a ver que pasa, no se si sirvo para esto”
3 comentarios:
Los cambios asustan. Y trabajar apesta.
Pero bueno, es lo que hay...
Éxitos en este nuevo emprendimiento!!!
Hola SkyLine (me gustaría saber tu nombre). Siembre un cambio asusta pero siempre es por algo. Alguna razón tendrá que las cosas se dieron así, aunque esta la descubras mas adelante. Tuodo en la vida lleva un proceso de adaptación. Tu no sabes si esta sea la puerta para nuevas oportunidades, además aquello de la pecera ya se veía muy tedioso y rutinario.
No te desanimes.
Un abrazo fuerte
Roberto, de Vuelvo al Sur.
Vamo' arriba! Si la pecera nueva es un poco más grande, mejor; con un poco de fuerza ya nos va a tocar llegar al río...
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