
El hilo de la charla nos fue juntando, pero pese a todo nuestras vidas estaban separadas por la infinita distancia.
Yo en mi soledad montevideana, rodeado de gente, del bullicio, del ruido, de la música y el baile, pero siempre en la soledad montevideana, esa soledad que palpamos día a día quienes somos diferentes….; diferente e iguales a muchos, pero aún así diferente….
No puedo llamarlo amor, tampoco cariño, no creo que este sentimiento tenga realmente un nombre con connotaciones amorosas.
No fue un flechazo, ni me impacto su imagen, fue algo diferente, un sentimiento más visceral.
Hace años que he asumido ciertas cosas pero aún así el ácido de las miradas que carcomen me quema de vez en cuando el alma.
Tengo muy claro que lo nuestro no fue amor, pero dudo mucho que no fuera compasión. No se si hacia ti o hacia mi mismo, no se si al cuidarte y protegerte no buscaba perdonarme y permitirme ser y hacer.
Llegaste a mi vida en tu silla de ruedas, la cabeza calva y con un millón de ideas. Nunca fuimos amantes, ni nos unió el deseo, pero me has impactado desde el primer momento.
Es raro convivir con alguien sin que mediara entre nosotros el sexo, es raro compartir momentos sin que esa idea cruzara siquiera por nuestras cabezas.
Y así fueron pasando los días.
El desenfreno que tenías por comerte a mordiscos la vida, de besar el viento, de acariciar el mar, de respirar profundo como si el aire se fuera a terminar, me logró contagiar, salí momentáneamente de mi apatía y me permití vivir, vivir el momento.
Yo no he sido nunca un apasionado de la vida, más bien de quienes creen que no hay más remedio que vivirla. En cambio tu, con tus ojos bien abiertos ibas al igual que un niño que da sus primeros pasos, viviendo viviendo y viviendo.
A un lado los prejuicios, y al otro los miedos, y por la avenida del centro, la silla, vos y yo como dos novios nuevos.
Una casa, un auto, un nuevo local de trabajo, el apuro de quien no tiene demasiado tiempo….
Aún con la magia en el aire, comienzas a planear tu regreso, una intervención quirúrgica te espera en tu país.
Dos pasajes, un avión, primero viajas tu y luego viajo yo, no entiendo el porque, pero prefieres que no te acompañe en este momento. No me gusta preguntar y supongo que como ha sido lo nuestro, debe haber cosas que arreglar antes de que yo vaya a tu encuentro.
No fue amor, ni placer, ni sexo, no se cual es la cuestión ni siquiera creo que me interese, porque lo nuestro fue nada más y nada menos que lo que tuvo que ser.
Los días igual pasan igual que pasa el viento, sin grandes cambios, sin mayores acontecimientos.
Trabajo y rutina comandan ahora mis días, no son muchas las noticias, mas la espera no me inquieta.
Una llamada me dice que la muerte me ganó de manos, y aquí me quedo con los regalos…. de tus últimos días de vida, y con el sabor amargo de lo inconcluso…
Llegaste y te fuiste envuelto en tu nube de misterio, qué me ha hecho merecedor de tus últimos días???
6 comentarios:
Una historia impactante. Lo malo, que no sé si es realidad o ficción. En cualquier caso atrapante. Un abrazo Vero, mucho tiempo sin saber de ti...Yo aquí sigo, escribiendo...
Pah... Fortísimo relato...
Me voy con los ojos húmedos...
No se si esta tremenda historia es real o imaginada. No se si propia o prestada.
Solo se que el frio de las últimas líneas, aún revolotea en mi nuca.
Merció la pena la espera, besos
A mi también me ha encantado encontarte de nuevo, gracias por los consejos y las palabras exactas y precisas.
Claro que puedes agregarme. Yo cuando vaya haciendome más amiga de estas tecnologías, maquillaré un poquito el blog con tu presencia. Pero todavía me queda un poco para no pelearme con el
Besitos cielo, y te hice caso, mira la ultima entrada.
:)
No se te ve hace días... y a mí tampoco, jijiji!
Besotes!
Solo pasaba a dejarte un abrazo
y un cuidate mucho Vero ...
Beso
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