viernes, 31 de octubre de 2008

entre teclas y corchetes


Vengo de una semana muy movida, con exàmenes y parciales muy seguidos.

Hace varios días que mi rutina es bastante cansadora, sentarme en la computadora por la mañana y levantarme una hora antes de entrar a clases a las 20:00, para despejarme un poco, para luego volver a sentarme frente a la computadora hasta las 23:00 horas.

Con el paso de los días me he ido metiendo cada vez más en este mundo virtual, al punto que por momentos pierdo la noción del tiempo, me olvido que hace horas que estoy frente a la pc, y lo único que me recuerda que es hora de parar es el dolor de cabeza y el ardor de los ojos que piden a gritos que los aleje del brillo del monitor.

El nerviosismo que me generan los parciales, ridículamente me resulta muy placentero, me gusta mucho la sensación de miedo que siento unos minutos antes de entrar al salón, la sudoración helada en las manos, el temblequeo involuntario de las piernas.

El ritual es siempre el mismo, busco una silla del lado izquierdo del salón, aproximadamente en el centro, no me gusta la derecha, no se por qué, una vez allí me siento, saco rápidamente mis lentes, me los pongo y los empujo contra mis ojos como asegurándose que están en la posición correcta. Me balanceo en la silla, levanto los pies sobre la varilla que la atraviesa transversalmente, me inclino ligeramente hacia delante y hago girar una y otra vez el lápiz sobre mis dedos.

Me incomoda bastante que se demoren en entregar las hojas, que se detengan a charlar, o que cuenten las hojas por fila más de una vez.

Y mientras transcurren esos interminables segundos hasta que la hoja llega a mi, mi mente hace un recorrido a toda velocidad por los conceptos que se supone debo saber, y es ahí cuando me digo “oh no dios mío, no me acuerdo de esto o de aquello”.

Cuando comienzo a escribir me cambia el trazo, suelo ser bastante prolija, tengo una letra pareja y clara, pero cuando se trata de un examen, se transforma en unos trazos desparejos e irregulares que dejan entrever mi nerviosismo.

Hoy extraño la vida real, los amigos de carne y hueso que hace tiempo no veo, extraño a mi novio que durante la semana no es más que una voz al otro lado del teléfono.

Los tiempos se van comprimiendo y estoy tan sólo a un mes, 30 días para estar del otro lado, un último esfuerzo…

Pero por ahora me espera seguir instalada en esta virtualidad, de a ratos opaca, de a ratos brillantes, emocionante a veces y otras muchas frustrante.

Soñar con códigos, corchetes y teclados, pensar en sql cuando me estoy comiendo una milanesa con fritas, con el plato apoyado junto al mouse, hablar por teléfono mientras puteo porque el programa me tira un error, esas pequeñas cosas me hacen ser yo.

Se que no podría dedicarle tanto tiempo a otra cosa, sé que por primera vez y luego de pasar por varias carreras encontré lo que me gusta, lo que me desafía y lo que me apasiona, así que pese al cansancio que me ataca a estas horas, tengo todas las ganas y la fuerza para seguir con esta pequeña vida virtual.

jueves, 23 de octubre de 2008

Vivir de las apariencias o aparentar vivir

M tiene 21 años, es hermosa, y tiene una carrera que crece a pasos agigantados, es modelo y vive una vida llena de frívolas delicias.
Tiene gracia y la sonrisa de un ángel, es capaz de desviar las miradas de hombres y mujeres al pasar.
Caminaba tras un sueño que se empezó a desdibujar.
¿Era fama?
¿Era dinero?
¿Era manejarse en la alta sociedad?
¿Eran cámaras?
¿Eran notas?
¿Era ropa cara y de diseño?
¿Era todo esto, o era esto y la felicidad?
M vive y se deja llevar, M siente que no quiere nada más, esto es justo lo que necesitaba para sentirse en la gloria, tocar el cielo e ir aún un poco más allá.
En este entorno llega el amor, pero el amor no ha de ser cualquiera, M necesita una amante maduro que reúna las condiciones necesarias para hacerla feliz.
El dinero apuntala el amor, las fiestas, las salidas los excesos le dan el condimento que necesita la relación.
Las discusiones, los gritos, el dolor, el llanto, los golpes, la sangre, el amor.
Los regalos, los mimos, y el perdón.
M maquilla sus marcas, y piensa que no son tantas, se toma unas fotos, se arregla y sale porque afuera la vida y la fama la llaman.
Los ojos húmedos, le nublan un poco la mirada, aún así camina porque afuera hay gente que la mira, hay gente para la que M quiere estar radiante.
M tiene miedo y tiene frío, el amor al dinero ya no le proporciona un buen abrigo.
Ella sabe que debe alejarse, pero tampoco es tan fácil, y es por eso que M decide vivir de las apariencias mientras aparenta vivir.