
Aquello, era un ritual un poco extraño, los tres esperábamos nerviosos el momento justo, mi amigo Seba, yo y mi hermano. Sentados en la vereda mirábamos con disimulo, escuchábamos con atención en busca del sonido de la puerta al cerrarse, algo que nos indicara que se aproximaba el momento tan esperado.
Mi madre saliendo de la casa con el bolso calzado en el brazo, rumbo al almacén del barrio y si la suerte estaba de nuestro lado, a la carnicería que quedaba a unas cuatro cuadras. Lo que nos daba más o menos 20 minutos de ventaja.
Nos quedábamos quietos, como perdidos en nuestros juegos, hasta que veíamos que aquel bolso de colores doblaba la esquina y poco a poco desaparecía.
Corríamos como locos, entre empujones e insultos, ya podíamos ver el barco que nos esperaba para zarpar.
Mi hermano el más grande de la barra era el encargado de hacernos a todos piecito, para que pudiéramos trepar por el caño de hierro que sostenía la antena de la televisión, que por aquellos años se encontraba en lo alto de nuestro techo.
Aquel caño era para nosotros una cuerda, uno tras otro íbamos trepando, piernas y brazos enlazados luchando por llegar a abordar aquel gigantesco barco.
El primero en subir tendía la mano al resto, hasta que toda la tripulación se encontrara en lo alto, no podíamos empezar a navegar nuestro inmenso barco.
Desde arriba podíamos ver la subida y la calle por la que seguramente mi madre aparecería, pero contábamos con algún tiempo aún, y no era hora de preocuparse todavía por eso.
Nos disponíamos en nuestras posiciones, siempre en medio del techo de la casa barco, el capitán hermano, no nos permitía ir hacia lo bordes, porque pese a nuestra inconciencia del peligro sabíamos que ser arrastrado por esas convulsivas aguas podía costarnos más que una paliza de la vieja.
La emoción y los nervios de estar haciendo algo prohibido, hacían que escasos minutos que duraba nuestro viaje por alta mar, fueran de una intensidad descomunal. Teníamos el tiempo contado para armar nuestro escenario imaginario, de gigantes ballenas asesinas, de delfines y sirenas, donde los valientes marineros no median más de un metro.
Todo se precipitaba cuando nuestro vigía gritaba a toda voz “hay moros en la costa”, el corazón latía como con ganas de salirse del cuerpo, agachados contra el suelo, con las manos sudadas, nos arrastrábamos por el piso del barco, sin levantar las cabezas, viendo ese bolso de colores que se acercaba con paso firme.
Otra vez por el hierro que sostenía la antena, en fila india, con nervios…, sin gritos pero con miedo, bajábamos lo más rápido que podíamos, nos golpeábamos, nos raspábamos, nos dolía, pero no nos dolía tanto,
Corriendo atravesábamos el patio de nuestra casa, para sentarnos exactamente en el mismo lugar donde estábamos antes de que nuestra madre se fuera, allí esperábamos con las mismas caras de aburridos, de quien no tiene nada divertido para hacer, pero con esas miradas que guardaban secretos de amigos y de hermanos.
_ ¿Qué están haciendo, no juegan a nada…?
¡mmmm no sabemos a que , decía mi hermano !
A lo que mi madre respondía,
_ Inventen algo…no sean aburridos.
9 comentarios:
¡Buenísimo! Pero me juego lo que quieras a que tu vieja sabía muy bien lo que hacían...
jaja no creo Andre de haberlo sabido todavía me estarían ardiendo las orejas.
Mi madre tenía terror de que nosotros subieramos a un árbol que era relativamente bajo comparado con el techo de la casa jeje.
un beso
Está bueno recordar esas cosas, que como vos decías se vivían intensamente porque eran prohibidas... y además super inocentes!
Un abrazo
Muy lindo recuerdo! Me gustó mucho cómo está contado, además.
Gracias por compartir esto.
Me encantó tu plantilla nueva; se nota que sos programadora, es decir, que dominás este infernal aparato. También tu relato me emocionó, me trajo muchos recuerdos de diabluras realizadas con mi hermano; una de ella era -cuando mi madre iba al almacén de la esquina- saltar en la cama grande (que tenía elástico, no parrilla) hasta tocar con la cabeza la araña de bronce. Si nos pescaba nos mataba de una penitencia. jajajaja.También me gustó tu casa barco; en el balneario Costa Azul (de Canelones) hay una muy parecida, aunque no tan colorida, enfrente a una posada que se llama El Ancla.
Ha sido un gusto para mí haber entrado aquí de nuevo.
excelente, solo aplausos te dejo, y suscribo, en Costa azul de Canelones hay una casa muy parecida, creo que un poco mas pequeña y muy descolorida.
un abrazo...
hola mujer, te ehseguido desde la pagina que tenias sobre anorexia y bulimia, keri apdirt eun favor, en tu blog verdad ana y mia habai una pagina de una niña que se recuepro de anorexia, la verad es ahora no al recuerdo y la estoy buscando pq asiemrpe la leia y ahora y no enceutro su blog, espero que peudas ayudarme con, ala verad es q la necsito urgente...el blog era como de fondo verde..porfis ayudame a localizarla...
Hola, muchas grcias pro responderme, de hecho si es ese....por toro lado te ekria decir qu eme gusta mucho la forma en que escribes es una narrativa bn interesante, muy sutil...sería muy bn que postearas más seguido...
La verda es que peudes ghacer de un hechi simple toda una anectdota a traves de las palabras.......me gusta mucho eso...un abarzoo
lau
Muy Bueno!!!
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